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domingo, 29 de agosto de 2010

Ilusión

En un descuido el letargo fue sorprendido, ella se despertó a las 6:00am como era costumbre. La rutina de siempre: darle unos codazos a su cónyuge como primer aviso, ponerse las pantuflas de oso que estaban debajo de la cama y preparar el desayuno, eso sólo para empezar el día.

El cereal del gallo verde se estaba terminando y la leche rebajada con agua se veía más transparente. Se dirigió a la habitación a dar la segunda llamada.

–Órale, cabrón flojo –dijo con voz firme –ya párate, que se te va a hacer tarde otra vez y no creas que voy a ir a decir a tu mugre trabajo que se te murió tu abuela, si ya te acabaste las dos que tenías y los dos sabemos que te quedaste sin madre desde hace tiempo, pedazo de webón.

Aquello era irónico (eso hasta tú lo entiendes), ser un webón es algo pero no ser un webón completo es un insulto paradójico.

Se sentó a la mesa esperando que aquel hombre la acompañara, era obvio que no sería pronto. Para mitigar la ausencia encendió el televisor de la cocina. Lluvias, ahogados, derrumbes –Pinche cereal desabrido– y daba sorbos a la leche que sabemos no era entera (con lo que cuesta digerirla, ya te has dado cuenta. No estaban mal económicamente, eran previsores, en una de esas si se enfermaba de verdad el hombre aquel).

En un arranque de desesperación se levantó rápidamente, se dirigió a la habitación, abrió la puerta haciéndola rebotar como aviso dos punto cinco y a continuación vendría la tercera llamada. Ésta podía variar desde tirarlo de la cama, pasando por lanzarle un zapato o el desayuno, hasta la dantesca opción de gritarle en el oído. Fue simple, sólo le apretó fuerte los genitales.

–Mira, ya sé para qué sirven estas cosas que traes colgando –le dijo a su pareja.

Para ahorrarnos el numerito “post-te levantas porque te levanto” vamos a pasar al desayuno, de todos modos siempre era lo mismo: una zorra se oía por aquí, un maricón por allá, que tu mamá esto, que no cómo crees si tu progenitora esto otro, que yo insisto, que no, yo más. Un bonito ejemplo de que todo es mejor en familia.

Ya en la mesa ambos se limitaban a oír las noticias, con la vista en el cereal y el sonido del otro masticándolo. Para romper aquella tensión y crear otra más justificable la joven se aventuró sin pena ni gloria.

–Voy a salir, tengo una función en una fiesta. Llego como a las 7:00pm.

–No pos casi me dices cuando andas allá –respondió el tipo –, ojalá y ora si te paguen bien, pinche trabajito te conseguiste. Pos no que eres técnica en no se qué madres, y acabaste con esos pinches pendejos.

–Mira, Teófilo –debatió –, que si no fuera porque tú andas de un trabajo a otro durando dos meses y duras medio año en conseguir otro yo no andaría ahí.

Ah, vale, no te dije. Pues nuestra técnica en química industrial había tenido que aceptar un trabajo como asistente de mago. De aquellas que se meten a las cajas a que les claven cuchillos y las corten por la mitad o que andan ayudándole con las cosas al mago durante el acto y, en su versátil caso, para adornar la función. Porque Casimira Corona no era fea ni estaba mal de sus atributos físicos. Y para que no me salgas con que no lo mencioné, también contaban con un payaso, esto sólo para las fiestas infantiles y cuando no pues aquel arlequín moderno, del que dejaremos que Casimira nos diga su nombre más adelante, la hacía de chofer y cargador.

–Ya cállate, cabrona –dijo el tipo –. Ya ni escuché lo que decía mi signo.

–Que te van a romper la madre si llegas pedo otra vez –respondió Casimira.

En la televisión ocurría el segmento de nuestra ya conocida la doctora Madame Salustia. Y para no hacer más desesperante el asunto vayamos al tercer signo que era el ascendente y descendente de ésta mujer.

–Géminis –dijo Madame Salustia –Tu carácter hace que muchas cosas recaigan sobre tu cabeza, relájate y no seas tan estricto en tus planes, y que Dios te cuide –terminó la doctora de los astros (con lo que ha de costar sacar esos doctorados, digo, no cualquiera… no cualquiera)

Teófilo se levantó apresurado, no iba muy temprano a su trabajo como ya te habrás dado una idea. La despedida de la pareja era con un beso corto en los labios (¿Qué? ¿No has escuchado eso de “En las buenas y en las malas”?). Casimira se quedó sola, no era muy diferente a otras ocasiones que estaba con su hombre, se llevaba mucho mejor con el payaso ese de su trabajo. Lo siguiente era hacer los deberes del hogar y hoy necesitaba terminar temprano porque antes de la función requería ir a ensayar el número y de ahí partir a la fama. Apenas si le quedaría tiempo de comer.

La mujer que caminaba de un lado a otro era algo obsesiva, no soportaba pasar desapercibida una cosa pues tendría que modificar sus planes para “reparar” lo que quedó sin terminar. Claro que esto le traería el conflicto de hacer una cosa por otra, una cadena de sucesos casi incontrolable que debía ir eliminando eslabón por eslabón para dejar todo como ella quería. Pero al final del día, cuando ya estaba por dormir, acostada en al cama, recordaba otra cosa pendiente (¿no te ha pasado?) y bueno, el primer coraje era levantarse para reparar el daño y el segundo era la frustración de haberlo hecho fuera del mapa que había trazado al iniciar el día.

Hoy quería estar relajada, tal como Madame Salustia quería que fuera, bueno, como los astros querían, la doctora sólo era un emisario. Metió en una maleta su traje para la función, ese que estaba ajustado de la cintura para arriba y hacia abajo, a nivel de los tobillos, se acampanaba. Vio la cama desatendida, no hizo caso –Relax, Casimira, que aquel cabrón la tienda – y salió de casa algo renuente. Tomó el autobús y se dirigió a la casa del mago. Ahí ya la estaba esperando aquel hombre de más de cincuenta con hormonas de muchacho de quince. Higinio, conocido como el mago del antifaz. Todos sabían quien era, pero le seguían el juego para no desilusionarlo.

–Pásale Casimira, ya te extrañaba, que guapa –dijo Higinio dándole una palmada en sus posaderas.

–Sígale y le voy a decir a Teófilo.

–Qué pasó, si es puro compañerismo, es más, dame una nalgada tú también.

–Ya cálmese ¿y Eulogio?

–Ta no llega, de todos modos nomás va a estar haciéndoles globos a los niños y a contar chistes por media hora.

–¿Ya no va a hacer sus concursos poniendo a bailar a los niños con las máscaras esas?

–No, y nomás porque la máscara del señor cachetón les da miedo. Andaba bien agüitado cuando la señora de la función pasada le reclamó por que le hizo llorar a su chamaco.

Ensayaron el número de la caja con los cuchillos, las cartas y la desaparición de un billete de a cien del público… claro, eso era extra. En esos momentos llegó el tal Eulogio.

–Órale, cabrón –dijo el mago –, ya ponte a cargar las cosas.

–Oh, pérese don Higinio, que no ve que ando crudo, y tovía me tengo que pintar este hermoso rostro que la naturaleza con su sabia experiencia me dio.

Aquellos artefactos de entretenimiento fueron subidos a la camioneta del payaso. Casimira y Eulogio (como siempre) mandaron al mago a la caja trasera con el pretexto de que sus cosas podrían caerse. En el camino, Casimira vio un periódico en la guantera del vehículo: “Requiem” y en letras menos ostentosas “Músico muere en la puerta de una tienda…”

–Ah cómo te gustan estos periódicos.

–No chingues, Casy, ora si estuvo cabrón. Ayer andaba en la peda con el wey que me vende el periódico y hoy en la mañana que me habla y que me dice que, no chingues, cabrón, que al que mataron le entregaba el periódico a cambio de una guamas ¿y qué crees pendeja? Que nosotros nos surtimos de pisto ahí onde lo chingaron.

–Ah, no juegues ¿y vieron todo?

–Nel, pasamos como cinco horas antes, pero ahí fuimos. Les toco suerte a los del periódico que por ahí iban pasando las reporteras.

–Pues esta raro, nunca pasaba nada aquí y hora hasta son los primeros en saber esas cosas.

–Mas bien tú ni te enteras, andas cuidando al cabrón ese de tu viejo ¿Cómo andas en eso?

–Pos igual, a mí se me hace que ha de traer otra vieja.

–Mta, pos hazle la buena a don Higinio –rió Eulogio –, pinche viejo anda queriendo pisar contigo.

–Estas bien loco, payasito. Nomás porque eres bien mujeriego, grosero, borracho, ateo y feo, que si no te haría la buena a ti –dijo Casimira antes de soltar una carcajada.

–No pos qué cabrona, pero ni quien quiera quedar contigo, eres bien obsesiva.

–Pues para que veas, hoy me voy a relajar, eso dice la jodedera esa de horóscopo, nomás pa ver que pasa –ese “haber qué pasa” modificado gramática y fonéticamente lo había dicho alguien más horas antes de terminar embarrado en el asfalto.

–Qué astral. Ni vas a durar.

–Vas a ver que sí, hoy no tendí la cama, cómo ves.

–Chale ¿vas a hacer que me regrese?

–No, relax, Eulogio, ando relax.

–Andas enferma o bien empeyotada. Por menos de eso ya me estás dando de putazos pa que me regrese.

Llegaron a aquella fiesta, un salón pequeño con un solo baño mixto. Los niños ya estaban desesperados, talvez al único que esperaban era al payaso que sabemos no estaba en óptimas condiciones, pues a parte de tener una resaca de esas que llamamos respetables (porque imponen respeto), también iba con algunos problemas estomacales.

–Buenas tardes niños –dijo el mago del antifaz –, antes de pasar al maravilloso mundo de la magia los vamos a dejar en compañía del payasito Pagliaccio –al payaso –Órale pinche Eulogio, gánate las caguamas, hazle un perrito con los globos al festejado.

–Lo que le voy a hacer es un hermanito –dijo Eulogio –, su jefa está re bien, de perrito, misionero o como sea, eso es lo de menos –a la multitud –. Qué pacho niños, onta el cumpleañero, vamos a cantarle las mañanitas, y diche uno, y diche doch…

Casimira se dirigió al tocador a hacer lo que por obligación se hace… en el caso de las mujeres hay un repertorio más extenso. Cuando se dirigió a lavarse las manos notó que una de las llaves no podía cerrar y tiraba bastante agua, para colmo el lavamanos estaba tapado (¿con qué? No preguntes) y el agua ya se derramaba, el peso estaba venciendo las escuadras que lo sostenían y agreguémosle que estaban oxidadas y con los tornillos flojos. Esto alteró a Casimira, pero salió venciendo aquella compulsión punzante –No es tu problema, tú no lo hiciste y pa qué avisas, que otro lo haga, ya estuvo bueno de hacer el trabajo de los demás por puro vicio –. Salió algo dudosa.

Casimira platicaba con la madre del festejado, el mago se le insinuaba a la hermana del festejado y Eulogio se dirigía a Casimira.

–Oye, ¿onta el baño? –preguntó.

–Alla. No jodas, apenas si llevas diez minutos y ya vas al baño.

–Oh pues qué quieres que haga, tengo que miar y pue que cague.

–¿Qué? –dijo Casimira indignada.

–Que tengo que ir a tirar el topo, a quitarle el puro al cachetón, a sembrar aguacates, se me aflojó la calaca, el mastique, tiene que cantar la calandria, voy a descomer, a hacer de tripas corazón, a parir una nutria, a ponerle el cascabel al gato, se me sale el muerto, el cadáver, ya salió el fantasma ¿no lo percibiste?

–Cochino.

Plagiaccio se dirigió al baño. El festejado llegó con la madre.

–Mamá, el payaso huele feo, como mi papá y me dijo “Órale morro, ya siéntate con los demás, no estés de encajoso”

Casimira miró apenada a la madre y se dirigió a alcanzar a Eulogio. Entró al baño.

–Pinche Eulogio –Casimira se tapó la nariz –. Préndele un cerillo.

–Pinche chorro me acaba de dar, no seas tan cruel –respondió el payaso con voz pujante.

–No te digo, ya hiciste enojar a la mamá. Puros problemas contigo.

–Es que el morro andaba hurgando mis cosas del chow, me encabroné. Luego le dije que se calmara y me dio un pisotón.

–Uy, como si calzaras tan grande, pinches zapatotes.

–No te digo, que ofensiva andas.

Casimira se dirigió a revisarse en el espejo y pisó una de las campanas de su pantalón, al querer reponer el equilibrio resbaló con el agua que había en el piso, fruto de la llave descompuesta y con todo fluido corporal que pueda estar ahí. Su cabeza quedó bajo el lavabo defectuoso y el golpe en el suelo hizo que la pared se cimbrara un poco rompiendo una escuadra oxidada y aflojando totalmente el tornillo de la otra. La gravedad hizo el resto.

Requiscat In Pace


…..

–Y seguimos con la gravedad, Madrigalito –Esa señora es muy estricta –Pues a mí se me hace una mamada –¿Por? –Yo siempre ando relax, como decía la Casimira y ni me pasa nada –Bueno, pues es que a ti ni la muerte te quiere, greñuda –Qué pasó, qué mal pedo, y la muerte que dice de todo esto –Todo a su tiempo, Nueve ya te contaré –¿Sabes qué? La gente es media pendeja y Casimira media irónica –Supongo que debo preguntar el por qué del comentario –pos es que mira, la gente evade muchas cosas, como si algún día fueran a desaparecer y la chava ésta prefería arreglarlo y no confiar en una ilusión (como sabemos que es la magia), las personas se desconciertan cuando al final se dan cuenta que lo que evadieron no desapareció, que sigue ahí, que el truco es el truco y la magia es un fraude –Pero hay que admirar el ingenio para armar esos fraudes –Chance la vida tenga sus puentes para evadir algunas situaciones y somos como magos diseñándolos, pero es pura ilusión, nada desaparece, no importan las cartas bajo la manga, dos palomas en el sombrero, el compartimiento secreto –La irónica eres tú, andas de holgazana, diciendo estupideces y de repente sacas tus divagaciones bien ¿Cómo dices tú?... fumadas –“Nada por aquí, nada por allá. Mi dulce irrealidad”.

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