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jueves, 9 de diciembre de 2010

Restos

Eran las 4:00 am, se había quedado dormida por tercera ocasión, dudó en contestar su celular. El frío la mantenía dentro de las cobijas que la cubrían de los pies a la cabeza en su acostumbrada posición: casi como una momia, recta, con las manos en su pecho. El móvil no dejaba de sonar más que por unos segundos, tiempo que era preciso para volver a marcar una vez terminados los tonos –Cabrones –, otra vez sonó. En ese momento planeó la estrategia, clara: correr por el celular, que estaba cargando la batería en un contacto que se ubicaba a unos metros de la cama, y meterse a las cobijas; todo eso en, aproximadamente, tres segundos –No, mejor en seis –rectificó –, pero sólo si vuelve a sonar –, para su suerte así fue. Airada, se levantó bruscamente, sus pies descalzos anduvieron hacia el celular, lo tomó, regresó con la misma cadencia. La silla que tenía como mesa de noche la recibió con un golpe en los dedos de sus pies un paso antes de llegar a la cama.

–¡Hija de puta! ¡Cabrona! ¡Pendeja! ¡Imbécil! ¡Chinga tu madre! –gritó al contestar la llamada –¡Qué! ¡Sí! Hola, ¿Cómo está, profesor? ¿Enserio?... Voy para allá.

Salió de casa cojeando. La noche estaba envejeciendo y el cambio de horario anunciaba la puesta del Sol más temprano. Era increíble para ella. Había decidido relajarse en su casa de descanso ubicada en este pequeño y tranquilo pueblo del que hemos venido hablando todo este tiempo (bueno, ni tan tranquilo, lo acepto, al menos no últimamente. Con eso de que parecía que ya todos los días eran días de muertos), y justamente ahí se había hecho un hallazgo enorme (sí, así como dices: más grande que los calzones de Gulliver con todo y erección). Entró a su auto marca cualquiera, cualquier modelo, año no importante. Lo encendió esperando que el relente no hubiese hecho tantos estragos en la maquinaria. Encendió sin problemas. Se dirigió a aquel lugar, bostezaba mientras se quejaba de la plática que los grillos le hacían y que alcanzaba a escucharse hasta dentro del auto. Encendió la radio, la estación era de aquellas que tocan la misma música, todos los días y a la misma hora. La estación dio la hora: las 5:00 am; a continuación un aviso.

–Por motivos de acomodo en nuestras secciones, la doctora Madame Salustia dará sus predicciones para este día en estos momentos.

(No me preguntes por qué. Lo único que puedo decirte es que las predicciones ya estaban grabadas desde el día anterior. La radio podría ponerlas a la hora habitual, pero ese día no). La señorita que conducía, de nombre Blandina Gutiérrez se extrañó –ah chingaos ¿Y esa puta quién es? –, subió el volumen. Mientras los horóscopos se escuchaban Blandina cabeceaba, quedando dormida por un segundo o dos, talvez tres, pero no cuatro. El sonido del neumático subiendo la banqueta la despertó. Frenó. Miró por el retrovisor a una persona levantándose –Por poco y me lo llevo –. Aquel sujeto vestía de una manera ridícula a los ojos de Blandina, con un maquillaje algo extraño y corrido, se veía ebrio. Este tipo le grito unas palabras de aliento.

–¡Órale! ¡Pendeja!

Blandina arrancó el auto asustada –payaso –y subió más el volumen de la radio.

–Leo –dijo Madame Salustia
–Ese es el bueno –presumió Blandina
–Querido Leo, hoy tendrás un día que debes aprovechar para descansar pero ten cuidado, recuerda que Camarón que se duerme amanece más temprano, y que Dios te cuide.
–Qué onda con esa vieja, cuál día para descansar, no hoy –Blandina siguió cabeceando.

No hemos dicho a que se dedicaba Blandina, prácticamente no tiene importancia (ya sabrás por qué) pero lo diré sólo para no ser descortés: era una arqueóloga con muy mala suerte, descubriendo lo que a veces no debería ser descubierto, etc., no importa, (ya abordaremos ese tema de la importancia con más detalles cuando llegue el momento).

Al llegar al lugar, éste ya estaba custodiado por dos personas que de lejos se veía que no tenían buen humor, ya de cerca se veían muy amables. Detrás de ellos una cinta amarilla y un letrero de “Perdone las molestias”. Ahí, afuera del área privilegiada se encontraban dos mujeres que ya esperaban a Blandina, ella bajo del auto. Alcanzó a escuchar.

–Yo la hago –dijo una de pelo negro.
–No wey –reclamó la rubia –, pinche Liber, te dejé que hicieras de la de la fiesta de mi sobrino yo nomás tomé las fotos.
–Pero era una nota bien chafa, pinche vieja pa que se echa el lavabo encima.
–No te digo, ta bueno pues, nomás porque me dejaste la del músico que te querías echar al plato.
–Eso es todo mi Hope, por eso te quiero, además ni deberíamos estar aquí, estas no son nuestras notas, eso le toca al bruto del “Pozoles”, nomás porque se enfermó. Te lo digo, esta nota no es importante para nosotras, ni te awites. –Libertad avanzó hacia Blandina –Usted es la arqueóloga Blandina Gutiérrez ¿verdad? ¿Podría darnos algo para El fisgón del centro?
–No sé nada, que no ves que voy llegando.
–Cualquier cosa está bien, lo que sea.
–Sólo sé que unos novios que estaban teniendo intimidad se metieron a la zanja donde hacían remodelaciones y encontraron el hueso de algún animal que vivió millones de años antes que nosotros. En cuanto sepa más les diré y si se me autoriza les paso algunas fotos.
–¿Algo más? –preguntó Libertad.
–El profesor (ignoremos el nombre, es menos importante) me llamó para colaborar con él en este hallazgo. Es todo.
–Gracias –Libertad sacó un periódico de su mochila –le regalamos un ejemplar, es el de hoy.

Blandina recibió el periódico y entró a aquel lugar aun escuchando a sus espaldas.

–Ira, ponle “El libidisaurio”, por eso de los noviecitos –sugirió Esperanza.
–No, me gusta más “Un testigo silencioso” –respondió Libertad.
–Ossssss, andas inspirada, Liber.

En aquel lugar ya se encontraban varias personas trabajando por órdenes del profesor quien pidió a Blandina esperarlo, pero podía comenzar a tomar orientaciones. Entró al área bostezando, con polvo girando sobre su cabeza. Tenía que ser muy precisa en las medidas y orientaciones... que un pie hacia el este, que el otro con una ligera inclinación hacia el norte, el hocico solidario con el bostezo de Blandina, una mano cerrada y la otra con los dedos haciéndole una insinuación al trasero de cualquiera y la cola apuntando hacia un lugar lejano entre el sol y la noche con la sugerencia hacia el recóndito lugar donde dos gatos se apareaban mientras unos perros les ladraban sobre los tejados mojados de un país que se ubica más lejos que el lugar más cercano a la nada de latitud, longitud 0. Blandina, con la mente clavada en restregarle el hallazgo a su robusto novio que jamás creyó que haría algo importante, después de tomar aquellas orientaciones se sentó sobre una piedra esperando a su profesor de la universidad para comenzar con el verdadero trabajo.

–“Última aparición” –susurró Blandina al leer el encabezado de la nota del periódico –“Asistente del Mago del antifaz muere al caerle lavabo en la cabeza, sospechoso sale libre por motivos sospechosos” –bostezó –. De seguro estaba palanca.

Posiblemente Blandina no se imaginaba que ese periódico para cualquier supersticioso que no supiera mucho de lo que he contado o que no relacionara a Madame Salustia con las tragedias acontecidas pensaría que podría estar embrujado, que era una sentencia de muerte, que el mismo Satanás, antes de mandarlo a los mortales, se había limpiado el culo con él a falta de papel higiénico y que estaba ahí, en su trono, esperando al desafortunado que le tocara toda la mierda canalizada en el periódico, con esa sonrisa tétrica que caracteriza a todos los demonios que la mayoría se imaginan (porque la única versión que conozco del Demonio triste, preocupado, con problemas, incluso, fiscales ya te la diré cuando volvamos a retomar el tema del tipo éste, Pacheco López ¿te acuerdas? El único que no leyó el periódico y que resultó ser la punta de la lanza con el filván de muertes brillando. Y digo Pacheco porque es la referencia más conocida para relacionar a Escolástica Pineda y a otras personas de quien hablaremos, pero no adelantemos cosas, el punto es que nada es seguro, talvez Blandina no muere… no es cierto, pero lo curioso es que también está el tipo de los tacos donde almorzó Venustiana, que no murió y nuestra actriz apenas si leyó el encabezado y tuvimos un extraño cuadro erótico sobre el asfalto; a Pagliaccio, quien tampoco murió a pesar de haber tenido el periódico más tiempo que Casimira; y el tipo que reparte el periódico que cualquiera diría que le pasó la muerte a Lorenzo, el músico, por debajo de la puerta. Ese sí sería un trabajo riesgoso si afirmáramos que El fisgón del centro es el arma hecha de papel más mortífera que existe, incluso Kira lo hubiese preferido en lugar de la defectuosa Death note ¿Te imaginas? “L ¿Qué signo eres?”. Pero basta de tantas divagaciones, porque tendríamos que tomar el tema de las reporteras Esperanza “La hope” y Libertad “La Liber”, de por qué tampoco han muerto con el periódico en sus manos y cómo es que, curiosamente, están en el lugar preciso a la hora exacta, y de ellas también hablaremos con más detenimiento en otra ocasión). Totalmente descartaríamos, tomando en cuenta lo anterior, de que el periódico es el culpable de todo esto, entonces todas estas personas supersticiosas tendrían que cambiar su teoría (Ah, claro, está el tema de Madame Salustia, a eso iba. Podríamos pensar que ella tiene todo bien organizado para elegir al desafortunado al que Satanás le embarrará la mierda, o que ella sabe a quien darle un pedacito del frío beso de doña muerte, o que ella misma es la muerte y que tiene a su segador, el tipo que reparte los periódicos quien, ahora sabiendo que El fisgón del centro no es un arma, sería el tipo más letal sobre la Tierra con un periódico en la mano. Pero todas estas cosas se irán aclarando, empezando con el mismo repartidor al borde del suicidio, enamorado de una chica que protagonizó uno de los videos porno caseros más vistos en la ciudad y sus alrededores y que, curiosamente, esta chica jugará a ser Sherlock Holmes junto con un enfermizo payaso que sin elección se quedará con el papel de John Watson esperando ambos no encontrarse con su Irene Adler… ya ves, no debería decir tanto, todo a su tiempo “Pelos”).

Estábamos con Blandina (¿Has escuchado la canción de “The lion sleeps tonight”?, pues así estaba nuestra Leo, ella si era la leona dormida ¿En qué momento se durmió otra vez? Talvez fue cuando empecé a decirte toda esta sarta de incoherencias con posible coherencia futura). El caso es que “toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son” escribiría un militar español allá por el año de 1636 que tendría la mala suerte de ser un poeta y lo bueno de ser barroco. Pero para Blandina toda su vida no era sueño, sólo dormir, un lugar donde no soñaba con hacer algo interesante. Su vida llena de decepciones laborales la había llevado a perder la esperanza en lograr eso; y cuando dormía no soñaba, siempre era como esas veces que sólo se siente cerrar los ojos por un instante, prácticamente su vida se iba en un parpadeo desde hace varios años. Hoy, que la misma vida le ponía ese hallazgo, que se suponía la sacaría de su letargo, no podía permanecer tanto tiempo despierta. Su desactivado organismo le pedía dormir otros minutos más (entonces me preguntarás que por qué estaba en su casa de relajamiento, yo te responderé que para descansar de sus decepciones)… y así era por como se veía. No sé si estaba enferma, pero no tenía narcolepsia, sólo sueño… pero no ensueños (aclaremos esto, “Greñas”, el sueño es la necesidad de dormir y lo que vemos cuando soñamos son ensueños… aclarado ahora prosigo). De amigos ni hablamos, resulta ser que lo más cercano a eso era el profesor de la universidad que estaba esperando y el novio de quien no vale la pena hablar pues ni lo conozco ni tiene mucha importancia más que como accidente en esta historia.

Accidente, esa es la palabra (si crees que lo que te cuento no tiene tanto interés o sustancia como las historias pasadas no es del todo incorrecto, mira, es como los puentes de los que hablábamos en la historia pasada. Así como el novio de Blandina es un accidente en esta historia, la misma historia de Blandina es un accidente entre las demás). Pero qué se puede esperar de una mujer que duerme, no hay mucho, un poeta cursi diría que se esperan sus sueños (pero ya te dije que Blandina no soñaba y no son sueños sino ensueños), verla ahí, tan tranquila, una tempestad en potencia, la ironía hecha mujer. El punto es que no hay mucho que contar, un accidente. Hasta para la misma muerte ¿Por qué Blandina? talvez porque se le resbaló la tinta al bolígrafo que escribía en la Death note y accidentalmente escribió “Blandina Gutiérrez” (Oh, pues, está bien, ya habíamos quedado en que la Death note era una mala elección). Estar en el momento y lugar equivocado, como en los casos pasados, es producto de una cadena de acciones y decisiones de nuestros personajes, pero Blandina lo único que decidió fue asistir ahí, sin opción por la felicidad de colaborar. Sin cadenas, sólo estar ahí, algo simple. Eso es lo que hará que de hoy en adelante, a esta parte de nuestro caminar a través de estas historias, le llamemos “El accidente” (Un paso a la vez).

Blandina se despertó con la garganta cerrada, la lengua hinchada y la vista nublada, sin poder hablar y antes de intentar correr a pedir ayuda cayó sobre sus rodillas y rodó hacia donde descubrían aquel espécimen. Uno de los huesos le atravesó un pulmón (No eres nada deductiva, resulta ser que Blandina no miró que en la piedra donde se sentó había un hormiguero que ya empezaba a tener acción laboral de todos sus obreros y ella era alérgica a las picaduras de hormigas). Un accidente, nunca debió haber pasado.

Requiscat In Pace



…..
–Nel, pérate, ¿cómo que un accidente?, la muerte, Salustia, la Hope y la Liber, el wey de los periódicos, el culo de Satanás,… –Ya te dije, todo a su tiempo –Pos tu tienes la culpa, Madrigal, pa que hablas de más –Supón que sólo di un adelanto que servirá como referencia para futuros acontecimientos –Nah, lo que pasa es que te duermes, como la Blandina, y nomás quieres que no se pierda el interés –Sí, también –Por lo menos Blandina tenía esperanzas, aunque digas que no, su cuerpo estaba hastiado pero ella aún creía que algo pasaría. Mira que terminar así cuando no debía pasar, como tú dices –Ya veo venir toda la sarta de palabrería que acostumbras –… –Ya, Nueve, dilo –Pos es que cómo te digo, la mente, el cuerpo, ese choro fumado de que son dos cosas distintas aprisionadas bajo la gruesa capa del ser ¿Sabes qué es el estado de vigilia? –Sí, es el estado que el cuerpo y la mente generan cuando se duerme, entre otras cosas hace que, aunque dormidos, estemos en parte alertas al ambiente –Simón. Por eso despertamos cuando aparentemente nada pasó, pero sí pasa, un ligero ruido, un cambio de temperatura, una sensación –Ya estuvo, Nueve, ¿de qué vas? –Pos de que así andamos muchos ¿no? Nomás dormidos, esperando que algo altere nuestro estado de vigilia, nomás esperando –Y volvemos con las esperas –En lugar de que nos apliquemos –Nueve –Eu –¿Sabías que mientras dormimos, en nuestro estado de vigilia, así como estamos en parte alertas también estamos sedados para que nuestro cuerpo no haga lo que estamos soñando? –Sí –Pues es así, si no despertamos como dices tú a veces es para no cometer estupideces –Eso puede ser malo. Eso que dices que pasa puede ser parte de las pesadillas, cuando nuestra mente despierta y nuestro cuerpo no, estamos despiertos pero no podemos movernos –Sí, me ha pasado –Pues imagínate que estás sedado porque no quieres cometer estupideces y pasa algo y necesitas despertar… y no puedes moverte ¿Haber? –No pues debo de aceptar que ahora si me dejaste pensando. Andas muy análoga, porque de filósofa no tienes nada –Hablando de eso ¿Sabes que le dijo una tortillera a un filósofo? –No ¿Qué le dijo? –No hay mas…a…ya –A veces lo arruinas ¿sabes? –“Cuando despertó el dinosaurio aun estaba ahí”.

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